Aquí desde Larrés pueblo de celtíbera raza saluda a ustedes y abraza este pobre montañés. Que aunque no es pequeño el salto desde Jérez a Pirene no por eso no se tiene de afecto y memoria falto. Ante esta esquividad recogiendo el pensamiento sugiere a cada momento recuerdos de la amistad. Sepan pues amigos caros que tras molesta odisea saluda a mi amada aldea y a sus íncolas ignavos. Y todo lo encuentro igual sin mudanzas ni artificios ahora como ab initio en este patrio breñal. Apenas rotas en él las costumbres patriarcales
EL Paices muito farolera
fas güeltas como á campana:
intre toicas has mulleras,
icen yes á más descarada.
ELLA Güena ye, ó que has cantau,
de muito grado paice asín:
zampate tiero en á cara,
tiens ó tipo do cochin.
EL Veigo yés espalangada,
tiens, ó cuello de una grulla:
canti talante lo tiras,
paices una escabadora.
ELLA Cortexame has queriu,
iciendo yeras majica:
veigo no tas entibocau,
pa tú, soy demasidica.
EL No me fagas tan reyir.
iciendome animaladas:
Entristecer un poco cada día,
y nunca entristecer más de la cuenta,
que la tristeza es pobre y se sustenta
de vuestra caridad y de la mía.
Entristecer por tanta lejanía
y tanto corazón en compraventa
como va entristeciendo aquel que intenta
y no logra alcanzar, por atonía.
La tristeza es un don que no han gozado
los que ríen de todo y para todo
como si no vivieran de prestado.
Entristecer despacio, y de tal modo,
que hasta el último instante la tristeza
puede acabar donde el amor empieza.
Hay días en que no siento su caminar y que no escucho sus latidos de hoja de lata. En cambio, otros, el “tec-toc” de su caja, el vaivén del péndulo y las convulsiones de sus entrañas, cuando va a dar las horas, se clavan en mi pensamiento como si lanzaran astillas de boj afiladas.
Mi abuelo, el que volvió de milagro de la guerra de Cuba, decía que los objetos guardan el bayo de los muertos y que, si los miras fijamente, te evocan la fisonomía de los que un día los emplearon. Algo de eso le debe de ocurrir a este reloj de pared que ha sobrevivido a tres generaciones familiares y a unas cuantas migraciones, porque hay días grises en que su péndulo se abre paso, dejando volar imágenes de la misma historia, de la de mi tío Luis, de la de un infeliz, como tantos otros, que aquella maldita guerra se tragó, sin comerlo ni beberlo.
Cuando me cambiaron de colegio yo no dejaba de llorar, temiendo iniciar nuevas amistades. Sin embargo, todo fue mucho más fácil de lo que yo esperaba. Me llevaba bien con todo el mundo pero especialmente con una compañera que llevaba poco tiempo viviendo en Madrid y que había nacido en una pequeña aldea oscense llamada Cerésola.

Tal era el cariño y añoranza hacia su tierra que no dejaba de hablarme de ella por lo que poco a poco empecé yo también a enamorarme de aquellos paisajes que ni siquiera conocía.
AMPARO BUISÁN LÓPEZ De Casa López de Cillas
(Abuela de Casa Juan Domingo de Sasa)
Recogido por Mª Isabel Muro de Casa Ballarín (Ligüerre de Cinca)
Atención pido señores
hombres mujeres y niños
que yo les voy a explicar
lo que en Sasa ha sucedido:
El día 7 de julio
A las 4 de la tarde
sucedió con dos mujeres
lo que nunca ha visto nadie.
La una se llama Teresa
hija de un tal Casimiro
que por parte de su padre
Acín tiene de apellido.
La otra se llama Pepa
dueña de una casa grande
Riazuelo de apellido
natural de Campodarbe.
Vimos un zorro muerto dentro de una caseta de monte, cerca del río Guarga, en un claro de los espesos pinares que hay entre Secorún, Nocito y Gésera, en los "pacinos" septentrionales de la sierra de Guara. El animal debió morir de hambre, de fatiga, de desesperación y de rabia. Tenía dientes rotos, uñas destrozadas y comida la piel; sólo estaba intacto y frondoso el hopo, el rabo, la ostentosa y peluda cola. En las paredes y en los fuertes "travesaños" de la puerta se notaban bien las dentelladas, los mordiscos, los arañazos de la pobre bestia, el empeño frenético y loco de librarse de aquella cárcel, de aquella trampa en que había caído bien tontamente, bien fatalmente.
En la revitalización de la romería de Santa Orosia tuvo mucho que ver la publicación, en 1988, del libro "Las romerías de Santa Orosia" tesis de licenciatura de Enrique Satué. Pero esa revitalización se plasmó, sobre todo, en la recuperación de la pastorada que llevaba ya años sin ser representada.
Este romance, del que se desconoce su origen, se ha mantenido vivo desde 1914 por los diferentes pueblos de la zona del Serrablo, Jaca y Huesca, gracias a don Alejandro Avellanas, actualmente residente en Huesca en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
El lo aprendió en ese año en Used, su pueblo natal, de un romancero ambulante. Recita este y otros romances y también oraciones con gran viveza y estilo muy personal. Es un buen conocedor del Serrablo y sus gentes, constituyendo un ejemplo vivo de la fuerza y el valor de la tradición oral.