Del 15 de junio al 31 de julio el pintor asturiano afincado en La Coruña FELIPE CRIADO expuso en el Castillo de Larrés una muestra de sus dibujos dedicados a la mujer.
"Salvo la iglesia de San Pedro de Lárrede, al parecer intacta si se exceptúa la bóveda de la nave, probablemente posterior al resto del edificio, los demás monumentos están incompletos o alterados.
Pero esto no es obstáculo para estudiar las distintas modalidades de cada uno de los elementos primitivos que aún conservan y las relaciones de semejanza entre sus similares, para llegar con algún fundamento a la reconstrucción ideal del tipo".
José Galan, 1932
Marca un hito en el Museo de Dibujo, por su antigüedad y por ser una de las piezas cumbre que allí se exhiben -con carácter permanente-, me refiero a la CABEZA DE OBISPO[1534] que en 1874 fue efectuado por la reconocida mano de FRANCISCO PRADILLA ORTIZ (1848-1921). Pintor finisecular, zaragozano, copista en el madrileño museo del Prado, y el más importante dentro de la "renovada tradición romana".
LUIS DE LA FIGUERA (1869-¿?), artista con extensa y variopinta actividad dentro de las facetas de las artes, cuenta con cinco de sus dibujos en Larrés, además de un testimonio muy preciado donado por su hija: el libro o cuaderno de campo de las obras de restauración ¡levadas a cabo en el castillo de Loarre durante la segunda y tercera década del siglo, lo que constituye una fuente muy valiosa a nivel histórico, arquitectónico y documental (técnicas, procesos, criterios aplicados...).
Cuando Dios concede el privilegio de llegar a los 88 años en bastante buen estado de salud, con excelente memoria y sin merma de la capacidad intelectual, el mayor goce que uno siente es el de recordar la propia vida, sobre todo sí ésta ha sido activa, agitada y con más momentos de felicidad que de desdicha. Se siente una especial complacencia en contar hechos que ocurrieron y en dejar constancia de cosas que en sí pueden no tener gran importancia, pero que incluyen algún dato que acaso interese a alguien.
Hay una ciudad de Dios y hay una ciudad terrenal. Hay una ciudad en la que los hombres aman a Dios y hay una ciudad en la que los hombres se aman a sí mismos y a las cosas mundanas. Hay una ciudad allí y hay otra aquí. Es una ciudad agustiniana, africana y escatológica que se alza desde el suelo y llega alto, pero no tan alto que no la podamos ver, pues está próxima, casi al alcance de todos.
Ciudad teológica para la humanidad, tan lejana y tan cercana. Morada rocosa que se nos presenta en ascensión nuestra y asunción divina.