Alejandro Olivan: Un patriota liberal y moderado

A la lista de excelentes hombres que Aragón ha dado a la humanidad y a España, a esa lista que pareciera tópica, si no fuera real, que va desde Miguel Servet a Goya, desde José de Calasanz a Baltasar Gracián, desde Joaquín Costa a Santiago Ramón y Cajal, desde el Conde de Aranda a Pignatelli, desde Sender a Saura y a Buñuel, y algunos otros más, habría -que añadir, con buenas razones que la Historia va descubriendo poco a poco, la de Alejandro Oliván Borruel.

Oliván es tenido ya por fundador de la ciencia y el derecho administrativo en España, pero no es menor el interés que suscita en los estudiosos de la ciencia política y en los historiadores del apasionado y apasionante siglo XIX español, tan convulso como interesante por las transformaciones del Estado liberal y el fin del absolutismo, por las pérdidas coloniales, y por la guerra de la Independencia y las carlistas o civiles que asolaron los campos de España y destartalaron su juventud y su creadora fuerza de trabajo.

Pero también es preciso recordar la importancia que Oliván tiene entre los reformistas de la Hacienda pública y del catastro, con las preocupaciones de la economía política y las finanzas del Estado. Junto a esto, que conlleva una vocación política innegable, destaca su vocación ilustrada y pedagógica -no en balde su Cartilla de Agricultura sirvió de libro de texto, o sus manuales de Aritmética, y otros- en los años en los que el Ministro Moyano había introducido la educación para la infancia española y la cuestión de la instrucción era básica para "mejorar la situación de las cosas".

Y, por último, debe destacarse su vocación y afición periodística, literaria y propagandista, "hablista". Sus escritos y periódicos contienen buena parte de su pensamiento político. Con cierta frecuencia se encuentra el lector de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, tan propenso a valorar con simpatía las aportaciones aragonesas, citas y referencias a Oliván, a sus artículos en su periódico La Abeja, o en otro que llamó El Orden -títulos sugestivos de su manera de ser y pensar-, y en sus pseudónimos de "El imparcial", o "El que no le gustan los partidos", o "Un español". Oliván es un patriota español, con cultura francesa, moderado, liberal, monárquico, reformista, que lucha denodadamente contra el absolutismo de Fernando VII, entendiendo que sus poderes están limitados por la ley constitucional, y que esta limitación no tiene que suponer desorden alguno.

Un recuerdo de su vida. Alejandro Oliván y Borruel, nace en Aso de Sobremonte, hoy término de Biescas, en buena casa, de linaje historiado, como las que por las alturas altoaragonesas se conservan. Aún está en pie la que yo creo es la hermosa casa familiar, con tres lucanas semicirculares en la cubierta, y escudo en la fachada. Es en 1796 cuando viene al mundo. Fue llevado a estudiar a Francia, durante dos años, aprendiendo pronto el francés y las humanidades, tras pasar por los Escolapios de Jaca. Fue militar, artillero, iniciado ya a los quince años. Allí padeció al ver que su petición de ascenso no fue contestada en cuatro años.

Viaja a Cuba, y estudia las labores de la caña de azúcar, y conoce a fondo los problemas coloniales. Padeció varios exilios, e incluso la prisión en Zaragoza, tras regresar de su primer exilio. Es Ministro de Marina y Ultramar, lo que no está nada mal para uno de sobremonte, y Subsecretario de Gobernación, "que valía por muchos Ministros" según el Duque de Rivas. Como ministro estuvo poco más de un mes, que con sorna dice su estudioso Sebastián Martín-Retortillo, lo importante es haberlo sido, no serlo. Desde los años veinte a los finales de los sesenta, del siglo XIX, su participación en la vida política española resulta intensa y notable, especialmente en la Década Moderada. Y regresa con la Restauración al final de su tiempo.

Es Diputado por la circunscripción de Huesca, y de Boltaña. Participa con Mon y Santillán en la reforma tributaria, y en la moderna Hacienda española. Estamos ante un ilustrado, que practica el reformismo y la moderación de los liberales desde la Administración y la práctica política. Fue Secretario de la Sección de Indias del Consejo Real. Es un Senador trabajador, promotor además de esta Cámara para moderar la" vida política. Fue miembro de tres Academias, una la de Bellas Artes, ya que no descuidó su faceta (el retrato de su esposa Josefa Coello de Portugal realizado por el gran retratista y pintor famoso del XIX, Federico Madraza, en 1855, es notable por su calidad, por su tamaño, y... por su precio). Pero también fue miembro de la entonces reciente Academia de Ciencias Morales y Políticas, ocupando primeramente el número 18 (académico de número, se dice), siendo sustituido por Eugenio Montero Ríos, en 1878, el año de su fallecimiento. Se trata de una larga y fecunda vida, 82 años, de los que desde los 14 años son dedicados al servicio público, con fructífera excelencia.

Recientemente ha aparecido publicada la obra del profesor Guillermo Vicente y Guerrero, estudioso de su vida y obra política, dedicada al Pensamiento político jurídico de Alejandro Oliván en los inicios del Moderantismo (1820-1843) en el IEA, y no ha mucho que Sebastián Martín-Retortillo publicó en Civitas su obra relativa a la vida y obra de Alejandro Oliván. Politólogos y administrativistas, así como hacendistas e historiadores estudian su obra: Destacan la voz enciclopédica dedicada a la Administración, titulada "De la Administración pública en España", su Manual de Agricultura, y el muy desconocido e interesante, firmado con carácter anónimo, Ensayo imparcial sobre el gobierno del Rey D. Fernando VII, escrito en París en 1824, tras el Trienio Liberal, en su exilio primero, provocado con la presión y presencia de los Cien Mil Hijos de San Luis, que trajeron la reacción absolutista desde el interés europeo porque no prosperasen en España las ideas liberales y constitucionalistas. Pero escribió manuales de aritmética, de lectura y gramática, opúsculos sobre caña de azúcar o sobre prados artificiales, y un sinfín de artículos sobre Constitución, liberalismo y vida política española. Y participó en variada multitud de debates, como polemista, incluida su condición de antitaurino, o proesclavista en la Cuba azucarera; o sobre riegos o ferrocarriles, legislación municipal, deuda del Estado y muy diversos temas.

Ahora ha sido muy traída una cita del Oliván periodista político, siempre realista y consentido común, en artículo del profesor de Derecho Internacional, Ángel Chueca, sobre la guerra, que no me resisto a copiar: "La guerra es el oprobio de la razón y el olvido de todo derecho; y si reflexionamos que después de muchos años de combates y desolación suelen las naciones hacer la paz de puro cansancio, quedando mucho más abatidas que cuando empezaron, no solamente reconoceremos la locura y capricho de caso todas las guerras, sino que deploraremos la retrogradación a que condenan a la especie humana" (La Abeja, 1835).

En Biescas, Sabiñánigo o Huesca, en todo Aragón, debieran tomar ejemplo de que Zaragoza lo incluyó hace ya tiempo en su callejero, y, en definitiva, en el orgullo de los hombres que hicieron patria e Historia. Que laboraron de verdad por "la mejora real de la situación" (Sebastián Martín-Retortillo). O que, como dice y responde el propio Oliván en la penúltima pregunta de su Cartilla Agraria: "¿Qué dotes necesita poseer o adquirir el cultivador? Prudencia para disponer, actividad para ejecutar, orden para proceder, economía para aprovechar, y perseverancia para conseguir". Esto vale para todos los órdenes de la vida, no sólo de los cultivadores.