Fue Alejandro Oliván personaje importante entre los moderados del siglo pasado y su obra científica y política había de tener, como veremos, muy singular importancia. Lo curioso del caso, sin embargo, es que su lugar de nacimiento habría de ser en cierto modo controvertido. Gómez Uriel en su refundición de la obra de Latasa señala correctamente como lugar de su nacimiento el de Aso de Sobremonte. Desde entonces, sin embargo han sido numerosos los autores -Gascón y Marín, García de Enterría entre otros- que indican que nació en Ansó. Quizá la similitud fonética pueda explicar este equívoco. Indagar esta circunstancia, así como conocer algo de su vida, bastante silenciada por otra parte, fue lo que me empujó a tratar de aproximarme a esta figura de la que prácticamente sólo se conocían por el extraordinario realce que tuvieron, algunas de sus obras.
Alejandro Oliván y Borruel nace en Aso de Sobremonte el 28 de Febrero de 1796. He publicado en otra ocasión su acta de nacimiento . La misma referencia aparece también en distintas filiaciones suscritas por el propio Oliván. Sus padres son señores de la pardina de Estarruás. La familia procede por vía paterna de la tierra de Sobremonte y del Serrablo; por vía materna, de distintos pueblos del Valle de Broto. En el extracto del expediente de pruebas para ingreso en la Orden de Carlos III aparecen acreditados todos estos extremos. La condición normal en estas tierras -el padre y el abuelo paterno son nacidos en Aso de Sobremonte- impide creer que su posición social y económica fuera extraordinaria. No obstante, la de Oliván debió ser al menos acomodada. Su primera educación la realiza en Francia, fenómeno este bastante corriente en la montaña altoaragonesa. No sé qué estudios realizó Oliván en el internado de Sorèze; Gómez Uriel señala que allá adquirió especiales conocimientos que a la razón no se daban en España. Sin embargo, debió ser tan solo la formación primaria y, a lo más, la media, la que allá recib iera Oliván. A los quince años está de nuevo en España. De todos modos, su estancia en Francia, a donde volverá exiliado varias veces, influye decisivamente en su vida y en su obra, pues ya desde su juventud sentirá una extraordinaria propensión por todo lo francés; de todos modos, su intervención activa en la Guerra de la Independencia, muy joven, legitima su patriotismo frente a cualquier posible duda.
El 3 de noviembre de 1811 figura Alejandro Oliván como cadete de Infantería. Su intervención debió ser extraordinariamente valerosa: en su hoja de servicios militares aparece el haber participado de escucha en puestos avanzados y el haber intervenido en varias guerrillas. El 10 de agosto del año siguiente Oliván pasa al Arma de Artillería donde realiza brillante carrera. Es curiosa la valoración militar que por sus jefes se le hace, en la que resalta junto a su aplicación teórica extraordinaria, una escasa capacidad práctica, tanto en el plano científico como en el de "inteligencia con la tropa". De todos modos la carrera militar de Oliván es brillante; adquiere en el Arma de Artillería aquella formación técnica y científica que en ella ha de ser tradicional. A los veinte años es destinado a la Dirección General de Artillería; después, a la Secretaría del Ministerio, de la que el 7 de Julio de 1820, a los veinticuatro años de edad, se le nombraría Archivero. No se crea, sin embargo, que la actuación militar de Oliván es fundamentalmente burocrática. Con anterioridad, el año 1816, es elegido para realizar unos cursos superiores en el Real Estudio Físico-Químico establecido bajo la protección del Infante don Carlos, cursos que Oliván realiza desde el 3 de septiembre de 1816 hasta el 12 de junio de 1818, y "tanto en el curso de las lecciones como en los exámenes, hechos a presencia de la persona Real se ha distinguido en clase de sobresaliente", obteniendo el primer puesto de la promoción. De aquí parte, como él ha manifestado, su amor e inclinación de las ciencias. Consecuencia de esta formación será, sin duda alguna, sus numerosos libros sobre materias agrarias que escribirá años después. A los veintitrés años alcanza Oliván el grado de Capitán del que sin embargo prácticamente se vería postergado poco después. Nada hacía prever un cambio en su orientación militar. No obstante, nos encontramos con dos hechos que pueden tener influencia decisiva. Uno, es la "solicitud denegada de aumento de sueldo", concedida tradicionalmente a los que con el oportuno aprovechamiento hubiesen cursado en el Real Estudio Físico-Químico de País.
El otro, nos lo revela una solicitud por él mismo cursada: el 20 de octubre de 1819 obtiene el grado de capitán; casi cuatro años después, en Julio de 1823, reclama todavía el nombramiento no recibido, sin duda alguna por "la marcha del rey a Sevilla, a cuya circunstancia y desorden consiguiente", atribuía Oliván la deshora. Que esta explicación a la espera de cuatro años no sea sino un pretexto burocrático, parece claro. Qué pudo ocurrir, no lo se. La protesta de Oliván "contra todo lo prevenido en la Ordenanza del Cuerpo y contra toda justicia", era por otra parte enérgica. Una sanción por una quizá excesiva intervención en la política no parece más explicable. Es ese mismo año de 1823 cuando tras cuatro años de paralización todavía reclama su nombramiento, triunfa el Absolutismo de Fernando VII, y se ve obligado a huir a Francia. Parece obviamente ilógica una postergación promovida por aquellos cuya derrota le obliga refugiarme al extranjero. Se termina así la vida militar de Oliván. Nada tendrá que ver después profesionalmente con el Ejército. Su actividad pública, posteriormente, cuando retornó del exilio, será predominantemente administrativa o cultural. De todos modos, el impacto de su formación inicial será permanente. Así, cuando se refiera en su obra, a la organización del Ejército discretamente se lamentará que no se realice con la debida intensidad aquella labor educadora y humana en los hombres que a sus filas acuden, que después, vueltos a su tierra, y distribuidos por toda la nación, elevarían auténtica y verdaderamente el nivel social de España.
Visita a su patria; esto le llevará a la cárcel de Zaragoza, de donde saldrá en 1825. Se dedica entonces al estudio de las humanidades, del latín. y del griego fundamentalmente. En 1828 marcha a La Habana para examinar y perfeccionar los métodos relativos al aprovechamiento de la caña de azúcar. Con este motivo visita y conoce con detenimiento diversas naciones americanas.
Desde Cuba viene a Madrid como Secretario de la Comisión encargada para la mejora de la enseñanza, y en 1836 su carrera política y parlamentaria, siendo nombrado Subsecretario de Gobierno con Isturiz, elegido Procurador por Huesca, junto con Mariano Torres Solanot y José Queral. La actuación pública de Oliván conviene analizarla, en medio de su diversidad, conjuntamente. Siempre aparece, fundamentalmente como un técnico; nos lo confirman los cargos desempeñados y las misiones que se le encomiendan. Salvo su breve permanencia al frente de la cartera de Man ',~, desarrollará su actividad, allí donde se requieren especiales conocimientos técnicos-administrativos. Sale de la Subsecretaria de Gobernación con el movimiento del sargento García, tenían que emigrar nuevamente a Francia, a donde se volverá a marchar en 1840. En el mismo puesto, d)n el Gobierno que preside el Conde Ofalia. Muy pronto, Oliván presentará sin embargo la renuncia al cargo para ser nombrado Director general de Estudios. Preside el Consejo de Agricultura, Industria y Comercio, pertenece también al de Instrucción Pública, a la Junta Consultiva de Monedas, a la Comisión Permanente de Pesas y Medidas y a la Junta Central de Estadística. Interviene en la gran reforma fiscal de Mon y, siendo Vicepresidente de la Junta de Estadística, se le encomienda llevar a cabo l os dos primeros censos de población y dan comienzo los trabajos catastrales en España. Proyección, como puede verse, en ámbitos muy distintos de nuestra Administración. Al terminar el Censo de 1857, refiere Montero Ríos, sucesor suyo en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, que el Gobierno quiso premiar sus servicios concediéndole un título nobiliario. Firmemente rehusó a ello Oliván diciendo: "Es inútil; yo no he de firmar nunca, más que con mi apellido...". Y apostilla sentenciosamente el mismo autor, con un estilo muy de la época: "Tenía razón: cuesta tanto trabajo adquirir un nombre que se traduce en honradez, ilustración y gloria, que el ser afortunado que llegue a conseguir tal tesoro, jamás debe abandonarlo por otro, noble y digno, sin duda, pero en el que parece resaltar más bien el acto de la magnitud o grandeza ajena, que el efecto propio del mérito".
Alejandro Oliván tiene también una amplia preocupación cultural. Secretario de la Sociedad Econ ómica Matritense en su juventud, presidirá más tarde el Ateneo madrileño. Alternará también el periodismo con publicaciones lingüísticas y gramaticales, y en 1838, el 11 de julio, es nombrado Académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el número XVIII, “Amigos de Serrablo”crito a la sección de Arquitectura, y el 1 de enero de 1857, numerario de la misma Corporación, correspondiéndole la medalla académica número 36. La Real Academia Española le nombra igualmente académico el 18 de marzo de 1674 y toma posesión el 7 de noviembre siguiente, en el mismo día que lo hicieran Nicomedes Pastor Diaz y J.E. de Hsrtzenbusch, contestándoles a los t¡'as en la sesión de ingreso Martínez de la Rosa. Oliván, primer ocupante de la silla j, disertó en su recepción sobre "El uso más acertado del pronombre".
En la Junta prepatoria o fundacional de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de 26 de Noviembre de 1857, fue Oliván nombrado académico de número de la misma. Con él figuran, entre otros, nombres tan significativos en el pensamiento español del siglo XIX como el de Alejandro Mon, Lorenzo Arrazola, director de una gran Enciclopedia Española de Derecho y Administración publicada en 1848, obra casi desconocida y de extraordinario interés, el marqués de Pidal, Gómez de la Serna, y Colmeiro, Nocedal y Alcalá Galiano, Bravo Murillo y Posada Herrera, Olozaga y Joaquín Francisco Pacheco. Por la circunstancia de ser académicos fundadores, ninguno de ellos pronunció discurso de recepción. En la Academia intervino Alejandro Oliván activamente -asistió a ciento nueve sesiones académicas-, y de ello es fiel reflejo la semblanza, quizá la más acertada de las que a su muerte se hicieran, que su sucesor Eugenio Montero Ríos, realizara.
En extremo curiosa, y la recogemos por su interés, es la polémica sostenida en el seno de la Corporación con Ríos Rosas y de la que nos da referencia la Memoria de la misma relativa a las sesione s de la Academia de 1855-1865, sobre las ventajas e inconvenientes de los privilegios de invención, perfección e introducción. Oliván defiende una limitación al derecho del inventor, basada en la propia naturaleza de las cosas, ya que "este derecho no es una verdadera propiedad sino un uso por tiempo limitado de un beneficio sancionado si se quiere por la equidad y la utilidad pública, pero con gravamen de los que lo utilizan... Que estos privilegios -termina- son una recompensa por causa de utilidad pública, digna de aprobación, pero no de derecho semejante al de la ordinaria".
La obra escrita de Oliván es tan variada y diversa como su vida. Eco fiel de su época por su universalidad, Oliván huye de todo matiz doctoral, aunque una intención didáctica aparece en toda su producción. Es de una variedad que causa auténtico asombro. Comprende desde un Manual completo de lectura a una Aritmética que publica bajo el anagrama de A. Linova y que alcanzó gra n popularidad. Junto a estas, son sus obras principales el Manual de Economía Política, la Cartilla Agraria y el Manual de Agricultura, premiado en concurso público en 1849 y declarado posteriormente texto obligatorio.
Son además abundantes sus publicaciones lingüísticas y gramaticales. Sin embargo, queremos destacar, por encima de todas sus obras, la administrativa, que publica en 1842, en el tomo IV de la inconclusa Enciclopedia española del siglo XIX en la voz Administración, y que al año siguiente, con ligerísimas modificaciones, aparece con el título "De la Administración pública con relación a España". Esta obra de Oliván, como su vida, estaba en el olvido casi más absoluto. Gascón y Marín en la Sorbona y posteriormente en el Instituto de Estudios de Administración Local en Madrid, inicia una justa revisión de la misma.
Ha adquirido plena actualidad al publicarse en la escogida colección "Cívitas" del Instituto de Estudios Políticos, precedida de un sustancioso estudio de García de Enterría. Se trata de una obra auténticamente fundamental, en la que no solo enjuicia el estado de nuestra Administración en aquel entonces, sino que propone un auténtico programa para su mejora y modificación, propugnando una serie de reformas, muchas de las cuales conservan todavía plena validez. Y ello, hasta el extremo que ha pasado a ser considerado como el auténtico fundador en España de los estudios sobre la Administración pública.
Junto a su actividad en la Administración y a su obra cultural su actividad parlamentaria. Encuadrado en el partido moderado, en el que milita, es casi ininterrumpida. En la legislatura de 1837 a 1838 y en la siguiente es elegido Diputado suplente por Huesca; desde 1839 a 1851 aparece como Diputado por el distrito cuarto de la provincia, Boltaña. Por R.D. de 20 de octubre de 1851 es nombrado Senador del Reino con la categoría de Ministro de la Corona, permaneciendo hasta el 20 de Mayo de 1868 en que se suspendió la legislatura de 1867. La Universidad de Oviedo le elige Senador en la sesión clausural de 5 de abril de 1877, cargo en el que permanece hasta su muerte, en 1878.
Buscando quizá una nota colorista, cuando se habla de la actuación parlamentaria de Alejandro Oliván, se concreta generalmente resaltando su activa intervención en el Senado abogando por la supresión de las corridas de toros. Se silencia, sin embargo, su intensa actividad parlamentaria que le llevó a intervenir en la preparación y discusión de leyes fundamentales, especialmente referentes a problemas de la vida local. De ellas es singularmente interesante su intervención en la legislatura de 1840.
Su actuación en la Cámara nos lleva a considerar una característica de toda su producción, tanto oratoria como escrita: su estilo. Desgajado en gran parte del peso grandilocuente, tan habitual en el siglo pasado, la sencillez es norma en él, lo mismo que el orden y precisión del lenguaje. Así refiere Montero Ríos en el discurso citado como en "el Congreso de los Diputados todos recuerdan al correcto e intencionado orador, y al castizo escritor tantas veces comisionado para redactar el Mensaje en contestación al discurso de la Corona"; por esto sin duda y aludiendo a su peculiar estilo, dijo el conocido literato don Carlos Coello: "Oliván es el hablista rival de Cervantes y de Moratín".
No fue, pues, Alejandro Oliván, hombre de acción política. Supo unir como esencial estímulo en su ordenación vital, una cultura basada sobre humanas cualidades, que le llevó a las más doctas Corporaciones españolas formando parte, como hemos visto, de tres reales Academias. En todo ello hay, en definitiva, "un diletanismo de gran estilo, que le evita caer en la sequedad del puro especialista".
Pocas cosas más sé de la vida de este montañés del Sobremonte. Que contrajo matrimonio con Doña Josefa Coello de Portugal y que muere en Madrid el 14 de octubre de 1878. En el Archivo del Ministerio de la Gobernación se conserva un expediente personal con una hoja de servicios de 1844, sin mayor importancia, y en el de Justicia hay un árbol genealógico suyo, con la aclaración de que ningún testigo aporta pruebas de su estancia en la cárcel. El origen de estos últimos datos lo desconozco. ¿Cabe quizá apuntar que perteneciese a un posible expediente para la concesión de alguna recompensa nobiliaria?. Puede ser.
En su genealogía se insiste, desde sus bisabuelos paternos-maternos, en recalcar que son "Señores de Estarruás". Su muerte no tuvo mayor eco político: el 28 de octubre, su hijo político la comunicó al Senado, y dos días después, el Presidente del mismo, la transmitía al Ministro de la Gobernación. Las Academias de las que formó parte le dedicaron las correspondientes sesiones necrológicas y a medida que pasa el tiempo su personalidad aparece cada vez más realzada, principalmente por la modernidad de su obra, de modo principal "De la Administración pública con relación a España" cuya actualidad conserva todavía plena vigencia. Con ella, el ilustre altoaragonés contribuyó decisivamente a establecer los perfiles del Estado moderno.