Alberto Duce. Un artista inolvidable

Hace quince años al consultar el Catálogo de Arte Contemporáneo Ibérico 2 Mil, me llamó la atención un gouache basado en una celebérrima composición de Diego Velázquez. El cuadrito, reproducido en blanco y negro en una página del catálogo, se titulaba Las Lanzas. El autor de esta obra de incomparable originalidad se llamaba Alberto Duce Vaquero. De inmediato, quise saber mas acerca de este artista y decidí escribirle.

En aquel entonces, el pintor trabajaba en su estudio madrileño de la calle Jorge Juan.
Así empezó mi amistad con don Alberto. Una amistad que duraría muchos años hasta aquel triste mes de agosto de 2003.

Aquel verano de hace tantos años que me parece tan presente al escribir estas cuantas líneas, celebré mucho conocer a don Alberto en la masía del Tomé en Comudella donde vivía con su hijo, a unos veinte kilómetros de Reus. Conservo un grato recuerdo del día que estuve en este lugar con el gran artista aragonés. Descubrí varias obras suyas, en particular su Vista de Toledo -que recalca el aspecto inmutable y mágico de la altiva Ciudad Imperial, con estilo realista y juegos de contrastes-. También descubrí el taller de grabado y estampación de don Alberto.
Su finca perdida entre los cerros de avellanos le proporcionaba al amable hidalgo la soledad necesaria a la creación artística. En aquel período, don Alberto repartía su vida entre la masía . catalana y las ciudades de Zaragoza y Madrid donde se encontraban sus marchantes y las galerías donde solía exponer.

Pasaron los años y seguía la correspondencia con mi amigo. La obra y la filosofía de don Alberto eran, son y seguirán siendo para mí algo por lo que interesarme, contemplar y admirar. Y al releer las misivas del pintor y comentar con mis estudiantes cosas de su trabajo artístico, siempre me parece que don Alberto está presente, mirándome con ojos traviesos y explicándome su gusto por la línea curva y melódica, por lo lúdico, lo placentero, lo amoroso y la belleza estética griega.

Me acuerdo de la exposición homenaje que había hecho don Alberto, con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Goya.
1996. Aquel año había tenido el placer de visitar el pueblo de Fuendetodos y la Zaragoza artística de Alberto Duce Vaquero. Aunque la estancia en Aragón hubiera sido demasiado breve, había disfrutado mucho la compañía del pintor.
No olvidaré nunca la acogida tan calurosa en el estudio del pintor que daba a la Plaza de los Sitios ni la visita del Museo de Bellas Artes de la ciudad donde se encuentran pinturas del artista -que él mismo me presentó-. No olvidaré tampoco las obras de Duce que comunican toda la alegría de vivir y la poesía de un hombre dotado de cierto idealismo.

El maestro Alberto Duce había celebrado sus ochenta y cinco años ocupado en restaurar sus antiguas pinturas en el balneario pirenaico de Panticosa. Con el pincel en la mano, seguía en la brecha el pintor y dibujante. Fue allí donde volví a encontrarlo. Y recuerdo con emoción cómo el excepcional artista me había relatado sus excursiones por la alta montaña, de joven. También recuerdo la exposición que se había mostrado en el Museo de Dibujo "Castillo de Larrés", en el verano de 2001. Cansado pero entusiasta, estaba presente don Alberto. Allí lo vi por ultima vez. Era un espíritu abierto, una persona extraordinaria que tenía el respeto de los demás artistas y de los amantes del arte. Y siempre seré amante de su arte.