La mayoría de las veces, la llegada del turismo a un territorio provoca fuertes competencias por la utilización del espacio, y entre los viejos usos tradicionales relacionados con la explotación agropecuaria y forestal del territorio, y los nuevos relacionados con el turismo (SALVA i TOMAS, 1989). Sin embargo, estos conflictos, que casi siempre aparecen por la inexistencia de una correcta planificación y ordenación territorial, se suelen solucionar a favor de las nuevas actividades de ocio, y a costa de la pérdida de peso e importancia de las actividades agropecuarias (GAVIRIA, 1978; LÓPEZ DE SEBASTIÁN, 1977).
Así, las consecuencias para el sector primario se manifiestan en el declive de la población agraria, en el retroceso de los espacios cultivados, en la transformación del suelo agrario en suelo urbano en las proximidades de los núcleos de población, y en general, en la utilización no agraria del espacio rural, conduciendo todo ello a situaciones irreversibles para muchas zonas rurales y en ocasiones dramáticas en zonas de montaña en relación con la continuidad y supervivencia del espacio agrario. En consecuencia, la agricultura suele sucumbir ante la rápida introducción de nuevas actividades ligadas al turismo, lo cual tiene graves consecuencias sobre la organización tradicional del espacio rural, en el mismo paisaje agrario, e incluso sobre la sociedad agraria que lo habitaba.
Por ejemplo, LASANTA (1989), que realizó su tesis doctoral sobre la evolución reciente de la agricultura de montaña en el Pirineo aragonés, estudia la reducción significativa del uso agrario en toda la provincia de Huesca (no debida únicamente a la introducción de nuevos usos turísticos). Pero más concretamente RUBIO y CASTELLÓ (1987) han analizado también el papel que las estaciones de esquí y el auge del turismo de invierno han tenido en la reducción del espacio ganadero en el valle de Tena, así como en el aprovechamiento integral de este espacio de montaña.
Por tanto, conviene señalar que no sólo la actividad turística es la única que ha generado estos conflictos entre los usos del suelo tradicionales y nuevos, sino que también la llegada de industria a Sabiñánigo tuvo una gran influencia. Así, el desarrollo de nuevas actividades económicas (instalación de fábricas) en Sabiñánigo desde 1930 aproximadamente provocó el traslado de muchos trabajadores del valle de Tena a esas nuevas plantas industriales, con el paralelo abandono de algunas explotaciones agropecuarias por parte de los habitantes de la montaña. Pero tampoco debemos olvidar la aplicación de la Política Agraria Comunitaria (PAC), y el papel que ha jugado, como en otras muchas zonas rurales y de montaña (españolas y europeas), en la crisis del sector primario. En cualquier caso, el proceso implica la transferencia de mano de obra del sector primario al secundario (industria) o al terciario (turismo), y el desvío paralelo de inversión a actividades y lugares de los que se puede obtener una mayor rentabilidad económica.
Los impactos de estas transformaciones no se dan sólo en el ámbito de lo demográfico como ya indicamos en el anterior número de Serrablo (por ejemplo con la pérdida de población de los núcleos de población), sino también en el paisaje (abandono de cultivos, menores cuidados de zonas de bosque y pastos, etc.), y en lo sociológico, debido a los fuertes cambios que se producen en la mentalidad de la población afectada. 1
Esta situación se ha repetido y hasta casi generalizado en los valles mas turísticos del Pirineo (Tena, del Aragón, Arán, etc.) con la tendencia en todos ellos a la desaparición de la actividad agraria, perdiendo su función de sostenimiento de una población mínima, anticipando la situación de abandono de este sector tradicional de la economía, y su posterior sustitución por nuevas actividades turísticas. De todas las consecuencias que el turismo ha tenido y que hemos señalado, a continuación nos vamos a referir únicamente a cómo ha impactado recientemente en la evolución de la población activa en la zona de estudio (desde 1972 hasta 1991), y en cómo ha propiciado las transferencias de trabajadores de un sector (primario) a otro (terciario).
Por ejemplo, la entrada de salarios no provenientes de la agricultura o ganadería tradicionales permite a muchas familias alcanzar situaciones económicas más desahogadas, lo cual no deja de ser un fuerte aliciente para el abandono de las actividades tradicionales, a lo que ha contribuido durante mucho tiempo la pérdida de prestigio que sufrieron durante muchos años las actividades relacionadas con la explotación de la tierra; así, los más jóvenes renuncian a vivir únicamente de la agricultura (en el mejor de los casos se comparten actividades), abandonan la casa, el acceso de las mujeres a lugares de trabajo turísticos les permite alejarse de las tutelas tradicionales -tal y como señala PICORNIELL (1993)-, y la población que queda va adquiriendo nuevos hábitos y formas de vida, hasta entonces considerados exclusivamente urbanos.
Partimos de la base de que las limitaciones y los condicionantes físicos del territorio son muy fuertes en el valle de Tena y ribera de Biescas, de cara a que tradicionalmente se haya podido utilizar mucha superficie para la agricultura (debido a su relieve abrupto y a las fuertes pendientes). El río Gállego, que desciende encajado hasta Biescas entre fuertes pendientes, sólo posibilita el cultivo en sus márgenes más inmediatas en el fondo del valle, o en los de sus afluentes, de forma que la superficie dedicada a cultivos es sólo el 4,7% del total, mientras que la ocupada por prados y pastizales es el 54,5%, lo cual convierte a la ganadería, en lugar de a la agricultura, en la ocupación principal para muchos de los trabajadores ocupados en el sector primario. No obstante, y como se aprecia en el gráfico 1, las diferencias entre la dedicación de la tierra son grandes entre municipios.
Aún con todo, los factores expuestos en el apartado anterior han sido la causa para que se haya producido un notable descenso de la población activa agropecuaria, tanto en cifras absolutas como en su peso relativo sobre el total de trabajadores (traducido en el menor número de explotaciones y parcelas); a su vez, eso ha provocado el envejecimiento de los escasos activos restantes, como consecuencia directa de la emigración selectiva detectada en las edades adultas jóvenes.
Cuantificando esa reducción, si en 1981 la población activa agraria representaba el 42% del total de los activos en los cinco municipios (INE-A), en 1991 había descendido al 27,9%, a la par, por tanto, del rápido crecimiento que se producía entre los activos del sector terciario (del 37,6 al 51,1%). La cifra del 27,9% (similar al 27,5% de la comarca anterior de la Jacetania) es una de las más bajas de todo el Pirineo, lo cual se podría explicar por ser ésta una de las zonas con mayor desarrollo del sector terciario (fundamentalmente del turismo), y donde estas actividades primarias se compaginan con otras actividades como las turísticas en la propia zona (o el comercio también relanzado gracias al turismo), o la industria de Sabiñánigo, ya que mucha gente se desplaza diariamente desde el valle a trabajar en sus fábricas.
En términos absolutos, si el número de empresarios agrarios era de 554 en 1972 en 1982 sólo eran 515 y en 1989, 354. Salvo en Panticosa, donde claramente aumenta su número (59 en 1989), en el resto de municipios disminuye perdiendo en conjunto de 1972 a 1989 un 36,1%. Aún con la pérdida, Biescas sigue siendo el municipio que mayor número de empresarios reúne (el 50% en 1989) seguido de Sallent de Gállego (23,1%) y de Panticosa (16,6%). Si de forma paralela prestamos atención a la evolución del número de explotaciones agrarias, también su número se reduce de 1962 (1.410) a 1989 (389) (pérdida del 72,6%).
Por décadas, ha sido durante la década de los años ochenta cuando globalmente el descenso ha sido más rápido, en comparación con los años setenta; el resultado final, no obstante, ha sido una pérdida general de 205 empresarios de 1972 a 1989 entre los municipios de Biescas, Sallent y Yésero, frente a Panticosa y Hoz que ganan el primero un empresario y el segundo cuatro.
El aumento de la edad media de los empresarios agrícolas es otra de las consecuencias de la reducción del número de empresarios y de la crisis del sector. El análisis de los datos censales demuestra que el peso de los diferentes grupos de edades ha variado mucho de 1972 a 1989. Así, si en 1972 el porcentaje de agricultores de más de 65 años era del 25,1, en 1989 era del 34% (INE-B), Paralelamente, el porcentaje de empresarios entre 55 y 64 años ha aumentado del 22,6 al 30,1%, lo que evidencia el envejecimiento de la población agrícola. También se puede apreciar que el grupo de agricultores/ganaderos comprendidos entre los 35 y 54 años ha disminuido del 49,2% al 28,7%.
Sin embargo, llama la atención el aumento del número de empresarios más jóvenes (de menos de 34 años), que pasa del 27% en 1972 al 7,1% en 1989. La explicación de tal hecho puede estar en que la mayor parte de los empresarios agrícolas lo son a tiempo parcial, y aquí es donde el turismo juega un papel importante como empleador de población agraria a tiempo compartido. La influencia de las estaciones de esquí se percibe claramente en aquellos municipios donde éstas se localizan (como Sallent o Panticosa), o en los que están bajo la influencia también de ellas (caso de Hoz de Jaca), ya que son los que mayor porcentaje de empresarios tienen la agricultura como actividad compartida en 1989.
En consecuencia, podemos llegar a afirmar que los empresarios agrícolas del valle de Tena y ribera de Biescas están notablemente envejecidos, si los comparamos con los del resto del Pirineo. En su conjunto, el 56,5% de los agricultores/ganaderos estaban comprendidos en 1989 en edades entre los 40 y los 65 años, mientras que en nuestra zona de estudio, los comprendidos entre los 35 y los 65 años eran el 29,4%.
Otra característica de la estructura empresarial de esta zona es la dedicación parcial de lOS empresarios a las actividades agropecuarias, lo cual está en estrecha relación con el desarrollo turístico de la zona, aun que no siempre se trata de una relación directa. En este sentido, menos de la mitad de los empresarios agrarios en todo el Pirineo tienen su dedicación principal en la actividad agraria, y un 55% de los mismos se dedica a otras actividades. En nuestra zona, la actividad agropecuaria y forestal se encuentra también muy compartida, lo cual evidencia la baja rentabilidad económica de la agricultura como único modo de subsistencia. En los municipios con mayor población como Biescas o Panticosa, la reducción del número de empresarios que comparten la agricultura con otra actividad es clara. Así, en Biescas en 1972, el 55,1% de ellos tenían la agricultura como actividad compartida, el 40,4% en 1982 y tan sólo el 28,2% en 1989; ello puede ser debido a que la fuerte incidencia de las actividades turísticas en el valle ha hecho que muchos de esos antiguos agricultores hayan cambiado sus aperos agrícolas por el contacto con los turistas, o trabajen en la industria, puesto que como ya ha sido señalado muchas empresas de Sabiñánigo les dan empleo, aunque continúen residiendo en el valle.
En general, si tomamos los datos de los empresarios agrícolas que tienen la agricultura como actividad principal, su número ha disminuido de 1972 a 1989 en toda la zona de estudio (pasando de 326 a 239) con una ruptura de tendencia en 1982 donde disminuyen drásticamente. Si a esto añadimos la tendencia casi generalizada también de la reducción de la población agrícola a tiempo parcial, el resultado es un sector en profunda crisis, cuya supervivencia depende mucho en estos momentos del turismo.
Frente a la agricultura, la dedicación a la ganadería es mayor y todavía hoy ocupa a gran parte de los activos del sector primario, pese a que su número, y el de sus cabezas de ganado, también se hayan reducido notablemente. Hay que diferenciar, no obstante, entre el valle de Tena y la ribera de Biescas, ya que la reducción de la cabaña ganadera en el primero fue de un 27,4% de 1982 a 1993 (pasando de 5.722 cabezas a 4.490), mientras que en toda la zona de estudio (incluido el municipio de Biescas), ésta aumentó de 9.890 a 10.096 cabezas (DGA,1992-93). En general, para toda la zona de estudio, destaca la reducción del bovino y del caprino, frente al ovino que aumenta, y el porcino que se mantienen, aunque bastante reducido.
Biescas, por ello, aglutina buena parte de toda la cabaña ganadera (el 46% del bovino, casi el 60% del ovino, o el 95% del porcino), lo que demuestra el peso superior que en ganadería tienen este tipo de municipios frente a los del valle, lo cual confirma la pérdida de peso ganadero de los núcleos más turísticos de la parte septentrional del valle, en comparación con los de la zona meridional incluidos en el municipio de Biescas. No obstante, esto hay que matizarlo ya que en el caso de Yésero, el galopante envejecimiento de su población ha podido influir en que toda su cabaña se haya perdido 66 cabezas de bovino entre 1982 y 1993.
En definitiva, lo que intentamos reflejar es que, aunque sería necesario un análisis más profundo y detallado prestando atención a otras muchas variables y en un espacio temporal más amplío, estos datos son suficientes para ilustrar un fenómeno que se ha dado en esta zona en las últimas cinco décadas, y acelerado en las últimas. Como ya hemos indicado, el resultado ha sido el retroceso de las escasas áreas agrarias y de la ganadería en la zona de estudio, proceso que se ha visto influido por la crisis general que sufre el sector primario y el reajuste internacional de los mercados y producciones, pero también, y a escala local-comarcal, por las nuevas exigencias del sector turístico. También debemos entender como aspiraciones lícitas que cualquier agricultor decida ganarse la vida con una actividad más cómoda, rentable, y hasta hace poco tiempo, socialmente mejor vista, aunque el abandono de las actividades tradicionales conlleve la pérdida ambiental de nuestras zonas de montaña.
Documentacion:
-DGA, Gobierno de Aragón: , Boletín de Indicadores Estadísticos de Aragón. . , nº.13-18 (I, II, III y IV trimestre).. 1992 y 1993.
-GAVIRIA, M.: La competencia rural-urbana por el uso de la tierra., Agricultura y Sociedad. . , nº.7. 1978. pp. 245-261.
-INE-A: Censo de la Población Española y de la Vivienda.Instituto Nacional de Estadística.,Madrid. varios años.
-INE-B: Censo Agrario.Instituto Nacional de Estadística.,Madrid. varios años.
-LASANTA MARTÍNEZ, T.: Evolución reciente de la agricultura de montaña., El Pirineo aragonés. . , nº.1. 1989. Geoforma Ediciones.
-LÓPEZ DE SEBASTIÁN, J.: Destrucción de recursos naturales y ordenación territorial.Mundi Prensa.,Madrid. 1977.
-PICORNELL BAUZA, C.: Los impactos del turismo., Papers de Turisme . , nº.11. 1993. pp. 65-92.
-RUBIO BENITO, Mª. T.; CASTELLÓ PUIG, A.: "Utilización del espacio en el Valle de Tena." en Alternativas de utilización del espacio en áreas de montaña: Actas de las I Jornadas.21-23 febrero de 1985 en Huesca.Ministerio de Agricultura, Diputación General de Aragón y Colegio Universitario de Huesca.,Zaragoza. 1986. pp. 227-255.
-SALVA i TOMAS, P. A.: Competencias espaciales entre agricultura y turismo., Treballs de Geografía. . , nº.41. 1989. pp. 81-93.